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Medellín, una ciudad que crece con el planeta

La capital paisa avanza en su proyecto de renovación urbana de la mano de los sectores público y privado. Gobierno y constructores están enfocados en convertirla en un modelo de sostenibilidad y protección del medioambiente.

Salvo el presidente estadounidense, Donald Trump, quien anunció su retiro del Acuerdo de París, el planeta sigue aunando esfuerzos para fortalecer las políticas de protección del medioambiente. Las principales ciudades del mundo están actualizando sus planes de ordenamiento territorial y uso de suelos, mejoran sus sistemas de transporte público, estimulan el uso responsable de los recursos, trazan estrategias para reducir las emisiones contaminantes e incentivan el desarrollo de proyectos inmobiliarios sostenibles y respetuosos de su entorno natural.

En Colombia, el sector de la construcción no se queda atrás y es uno de los más interesados en sumarse a esta tendencia global. Según el Consejo Colombiano de Construcción Sostenible (CCCS), 101 proyectos, que equivalen a un área de 1,4 millones de metros cuadrados, tienen certificación Leed hasta la fecha. Este sello, reconocido a nivel mundial, es un sistema que certifica las edificaciones como sostenibles y fue desarrollado por el Consejo de la Construcción Verde de Estados Unidos.

Sandra Forero Ramírez, presidenta de la Cámara Colombiana de la Construcción (Camacol), asegura que el país avanza por buen camino en el ideal de conseguir un sector constructor más respetuoso del ambiente. Según reveló a El Espectador, en los próximos días se firmará un acuerdo con el cual se pretende que en los próximos siete años, siete de cada diez proyectos inmobiliarios que se desarrollen en el país cumplan con los estándares nacionales de sostenibilidad.

“Somos los socios locales del sello de construcción sostenible Edge, que busca incentivar la reducción de consumo de agua y energía tanto en la etapa de construcción como en el posterior uso de la edificación. Actualmente hay más certificaciones en oficinas, edificios oficiales y colegios, pero nosotros queremos que las viviendas también sean parte de este paso al futuro”, indicó Forero.

Para incentivar este nuevo modelo de construcción, que cada vez gana más terreno en el país, Camacol avanza en la búsqueda de incentivos locales para las constructoras que le apuesten a la sostenibilidad. En este proceso, el gremio ha encontrado en Medellín un aliado importante. La capital de Antioquia no sólo es una de las ciudades que más esfuerzos han hecho para reducir sus niveles de contaminación, sino que además es pionera en políticas de cuidado del medioambiente.

En total, hasta el día de hoy, la ciudad cuenta con diez proyectos con certificación Leed: uno nivel platino, seis oro, uno plata y dos certificados. Estas edificaciones representan un área de 272.281 metros cuadrados. El 60 % está destinado a oficinas, 20 % al comercio, 10 % para laboratorios y el otro 10 % es de servicios de salud.

Respecto al futuro de la ciudad, Eduardo Loaiza, gerente de Camacol Antioquia, piensa que la protección ambiental es uno de los ejes más importantes dentro del proyecto de renovación urbana de Medellín. Renovar el parque automotor de volquetas, construir parqueaderos cerca de las estaciones del metro para desincentivar el uso de carros particulares y promover el uso de aguas lluvias en las nuevas unidades residenciales de Medellín son algunos de los proyectos que impulsa la asociación para mitigar cualquier impacto negativo que se derive del desarrollo urbano de la ciudad.

“Queremos que la construcción sea cada vez más sostenible en Medellín y Antioquia, pero que no sea por moda, sino por convicción. Hay varias estrategias, como cambiar el eje de un edificio para usar las corrientes de aire y no tener que prender el aire acondicionado. También se puede mejorar la iluminación con ventanas más amplias para ahorrar electricidad. Aprovechar la lluvia para el sanitario, la jardinería y lavar autos, entre otras cosas”, finalizó Loaiza.

Según el gerente de Camacol Antioquia, el objetivo de este tipo de ahorro, además de favorecer el medioambiente, es una disminución en el costo de vida de los habitantes de proyectos de este tipo, gracias a una reducción significativa en los recibos de servicios domiciliarios. Con esta premisa en mente, sostuvo, la inversión en este tipo de bienes inmuebles, que suele ser más alta que un proyecto común, se termina recuperando con el tiempo gracias al bajo costo de las facturas.

Así las cosas, con el Gobierno y el sector privado trabajando de la mano para la construcción de una Medellín sostenible, el panorama es más que alentador para el Valle de Aburrá. La capital paisa vuelve a dar cátedra en temas de innovación, en esta ocasión siguiendo un camino que tendrán que recorrer todas las ciudades del mundo para frenar el impacto negativo de la humanidad en el planeta.

jairo andrés Cárdenas A.

EL ESPECTADOR